Miremos un poco más allá de nuestras narices

Soy un joven estudiante universitario más en Colombia, inquieto por conocer y aprender más de la vida. Como todo buen joven me gusta reír, divertirme, eso que nos gusta a todos; pero sin dejar a un lado la madurez para ver y analizar mi entorno. Ayer, a eso de las 6.30AM, estaba sentado escuchando a mi profesor de la materia de costos tres, el mismo que varios años atrás me calificó con un 2.82, obligándome a repetir la materia de Contabilidad tres, dicho profesor arrancó la clase hablando de lo normal según la materia y su contenido, un poco de números mezclados con mano de obra y uno que otros gastos indirectos, pero al avanzar la clase, el tema se desvió un poco, mucho diría yo, el catedrático abordó temas sobre cultura y comenzó a dar formular cuestionamientos como: ¿Por qué Colombia está cómo está? Pero al hablar sobre “El pensum oculto de toda carrera” ganó mi atención. Claro, cuando escuché “oculto” llegué a pensar en algo contra de las doctrinas cristianas que me enseñaron de niño, pero, no fue así.
Hablar del pensum oculto no es más que aquellas responsabilidades sumergidas u ocultas, que a simple vista no se ven, y  que tiene cualquier persona, ya sea estudiante de secundaria, universitario o de alguna especialización o doctorado, es adquirir y desarrollar ciertas habilidades que más adelante harán más fácil la vida personal, social y profesional del individuo. Aún así, yo no había captado la idea que el profesor quería que asimilara, hasta que dijo: Hablo de saber más sobre las ciencias humanas, hablo de leer más allá de lo que mandan a leer en las aulas de clase. Le he preguntado a profesionales con títulos de las mejores universidades del país y en el extranjero si alguna vez han leído La Ilíada o si han leído sobre Sócrates y alguna de sus obras, o a García Márquez y sus cien años de soledad mezclados con la crónica de una muerte anunciada o si conocían al coronel que no tenía quien le escribiera, pero lastimosamente sus respuestas fueron negativas.
En ese momento me incliné hacía adelante, estaba analizando lo que había dicho el profesor y se me dio por buscar un ejemplo claro de lo que había dicho. Miré las paredes del salón y no encontré nada, fijé mi mirada en el tablero; pero tampoco encontré un ejemplo que clarificara y le diera la razón al profesor. Hasta que giré un poco mi cabeza hacia el lado izquierdo, estaba una caneca, pero no era como las que uso en mi casa: plásticas, de colores y arrinconadas. Esta era de metal, medio cilíndrica, gris, pegada a la pared, con un letrero donde describe que elementos se deben depositar. Un excelente e innovador diseño sin lugar a dudas, pero al leer, me di cuenta que el diseñador cursó a la perfección las materias donde lo enseñaban a diseñar, a innovar y que olvidó ver su pensum oculto: Una de las cuatro palabras estaba mal escrita, no decía “Periódico” sino “Períodico” o "Papel" sino "Pápel" Para algunos algo pequeño e insignificante, pero para mí, el ejemplo perfecto para lo que había dicho el profesor.
De inmediato se vino a mi mente la clase de ética profesional que dictaba un filósofo. Recordé que al verlo dije: ¿Pero cómo es posible que un filósofo dicte una clase sobre la ética del contador que está en una ley? ¡Ellos no estudian nuestras leyes!
Tan ignorante sobre el tema, lo reconozco,  escuché al profesor hablar sobre sus estudios, su vida y luego su metodología para desarrollar la clase. Y fue en ese punto exactamente donde se auto cuestionó con la misma pregunta que yo me había hecho y respondió: “Yo les daré ciertas herramientas filosóficas con las cuales ustedes podrán obtener un criterio frente a distintas situaciones en la vida o en su ambiente laboral, y así, basar sus decisiones en dichos criterios. Estudiaremos más allá de lo que dice el contenido programático de la materia ¿De qué les sirve que yo me ponga frente a ustedes a hablarles sobre un libro, una ley, llena de un números artículos finitos donde te ordenan a actuar de una manera determinada, y quizás a su conveniencia, en su vida profesional y ustedes solo les quede la opción de acatar dicho libro? No sé a ustedes pero a mí no me parece, siempre hay algo más allá, en el fondo, que quizás nos ayude más a sobresalir en la sociedad”.
En ese momento, dos años y medio de vida universitaria, ningún profesor había planteado tales cuestionamientos a cerca de la manera de dictar una clase y menos sobre como moldear mi criterio frente a situaciones en mi vida, y menos sobre un contenido que no colocan en los temas que se desarrollaran en el semestre. ¿Por qué?
Y ahora creo tener una respuesta: Solo buscamos lo que nos mandan a buscar, solo escuchamos lo que nos dicen que escuchemos, solo leemos lo que nos obligan a leer. No estamos explorando más allá, estamos acostumbrados a ver lo que está encima pero nos olvidamos de lo más profundo.

¿Será que conociendo y estudiando nuestro “pensum oculto” encontraremos solución a muchos problemas presentes en nuestra sociedad?

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